Informe del presidente Donald Tusk al Parlamento Europeo sobre la reunión del Consejo Europeo de febrero

Consejo Europeo
  • 24.2.2016
  • 16:00
  • Discurso
  • 82/16
  • Asuntos de Interior
  • Asuntos Exteriores y Relaciones Internacionales
  • Asuntos Institucionales
24.2.2016
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Preben Aamann
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Observaciones iniciales

El último Consejo Europeo ha sido uno de los más difíciles de mi mandato. Y, aunque hemos hallado una solución para todos, la verdadera prueba está por llegar, y se trata obviamente del referéndum que celebrará el Reino Unido para decidir si sigue siendo o no un Estado miembro de la Unión Europea. Solamente el pueblo británico puede tomar esa decisión. Por nuestra parte, tan solo podíamos acordar un nuevo régimen para el Reino Unido en la UE, y eso es lo que hemos hecho.

Los 28 jefes de Estado o de Gobierno han acordado y aprobado por unanimidad un régimen jurídicamente vinculante e irreversible para el Reino Unido en la UE. La decisión relativa a un nuevo régimen es conforme a los Tratados y no puede ser anulada por el Tribunal de Justicia. Pero solo entrará en vigor si el pueblo británico vota a favor de la permanencia. Si vota a favor de la salida, el régimen dejará de existir.

Hemos acordado hacer todo esto de un modo que no ponga en entredicho los valores fundamentales de la Unión Europea, como la libertad de circulación y el principio de no discriminación, y sin poner en peligro el desarrollo futuro de la Unión Económica y Monetaria. Si hubiera albergado la más mínima duda al respecto, nunca habría propuesto ese régimen.

Pese a las múltiples dificultades, los dirigentes no abandonaron la mesa de negociaciones, porque éramos plenamente conscientes de lo que estaba en juego, a saber: la permanencia del Reino Unido en la UE y el futuro geopolítico de Europa.

Quisiera manifestar aquí mi sincero agradecimiento al presidente Juncker y a todo su equipo, con el que hemos trabajado codo con codo durante el proceso. Permítanme que dé también las gracias a los representantes del Parlamento que participaron en las negociaciones y que se mostraron muy eficaces a la hora de lograr sus objetivos. Estoy totalmente convencido de que el Parlamento Europeo debía implicarse plenamente en este proceso. Nunca olvidaré esas conversaciones cruciales con el presidente Schulz, con el presidente de grupo Verhofstadt y con los distinguidos colegas Gualtieri y Brok. Gracias a ustedes, este acuerdo nos ha permitido tomar en consideración los intereses de la Unión en su conjunto. Sin su ayuda, este acuerdo no habría sido posible. Muchas gracias de nuevo.

La Unión Europea respetará la decisión del pueblo británico. Si la mayoría vota a favor de abandonar la UE, eso será lo que ocurra. Cambiará Europa para siempre, y será un cambio a peor. Es, claro está, mi opinión personal. El primer ministro Cameron declaró el lunes en la Cámara de los Comunes que este no es el momento de dividir a Occidente. Yo no podría estar más de acuerdo: por eso he hecho todo lo que estaba en mi mano por evitarlo.

Por otra parte, si el Reino Unido decide permanecer en la UE, espero que este Parlamento vele también por que el régimen acordado se transforme en la legislación necesaria y entre en vigor.

Permítanme referirme ahora a la crisis migratoria. Los dirigentes han acordado que nuestro plan de acción conjunto con Turquía sigue siendo prioritario, y hemos de hacer todo lo posible para llevarlo a buen puerto. Esto significa, en último término, que las elevadas cifras a que asistimos todavía, tienen que reducirse, y ha de ser rápidamente. También por esta razón hemos decidido organizar una reunión especial con Turquía el 7 de marzo.

El debate de los dirigentes se centró en consolidar un consenso en esta crisis. Para ello, en primer lugar, tenemos que evitar una batalla entre los planes A, B y C. Esto no tiene ningún sentido, porque solo crea divisiones en Europa sin acercarnos nada a una solución. Lo que hemos de intentar es hallar una síntesis entre los distintos planteamientos. No hay alternativa válida a un plan europeo de amplio espectro.

En segundo lugar, una respuesta europea no radica únicamente en las decisiones que se toman en Bruselas; radica también, e incluso más, en las decisiones que se toman en las capitales. Esto es algo que hemos de aceptar, pero al mismo tiempo debemos tratar de mejorar la coordinación entre esas decisiones. La Unión Europea existe para que todos cooperemos.

Y, por último, tenemos que respetar las normas y leyes que hemos adoptado todos juntos. Esto afecta tanto a las decisiones sobre reubicación como a la necesidad de volver gradualmente a una situación en la que todos los miembros del espacio Schengen apliquen plenamente el Código de fronteras Schengen. Es indudable que debemos restablecer Schengen. Costará dinero, llevará tiempo y exigirá un enorme esfuerzo político. Habrá países que tal vez no puedan afrontar este desafío, pero Europa estará ahí para ayudarles. Tenemos que invertir en Schengen, no en su demolición. Su futuro será una de las principales cuestiones que tratarán los dirigentes el 7 de marzo.

Los dirigentes han confirmado por separado la necesidad de mantener la afluencia de ayuda humanitaria a Siria y a los refugiados sirios en la región. Hemos acogido con satisfacción la conferencia de donantes celebrada en Londres, en la que Europa ha aportado dos tercios de los compromisos de contribución. Los dirigentes han acordado proceder rápidamente al desembolso de los 3 300 millones de euros comprometidos para 2016, así como de los 3 000 millones de euros acordados para ayudar a los refugiados en Turquía. No se trata de una responsabilidad exclusivamente europea. Por ello, seguiré trabajando para forjar una respuesta mundial a esta crisis en las reuniones del G7 y del G20 que se celebrarán este año.

Me gustaría terminar con un llamamiento: no dejemos que estos tiempos tormentosos desbaraten nuestro empeño. No podemos sin más esperar a ver qué pasa. Hemos entrado en un periodo sumamente peligroso de la historia europea. Tenemos que actuar con determinación. Cuento con su ayuda. Muchas gracias. 

Observaciones finales

Los dos asuntos que tratamos hoy, el régimen para el Reino Unido y la migración, están estrechamente vinculados entre sí. No me cabe la mejor duda de que el modo en que abordemos y gestionemos la crisis migratoria será de importancia primordial para la campaña del referéndum. Todos aquellos que quieran mantener la unidad de la Unión Europea, la unidad de Occidente en su conjunto, quienes crean que nos vemos inmersos en un momento trascendental, deben respaldar ese plan común con toda la determinación posible.

Cuando hablo de un plan común me refiero a la aplicación efectiva de nuestra decisión, al pleno respeto del Código de Schengen y a la actuación conjunta con Turquía. Si alguien quebranta esta naciente unidad en torno a la crisis migratoria, podría en realidad estar contribuyendo a que el Reino Unido abandone la UE.

Como ya he dicho, el régimen para el Reino Unido entrará en vigor únicamente si el pueblo británico vota a favor de la permanencia. Si vota a favor de la salida, el régimen dejará de existir. Y que nadie se llame a engaño en este asunto: no ha sido esta una entre muchas rondas de negociaciones sobre el régimen para el Reino Unido en la UE, ha sido la primera ronda y la última. No habrá ninguna más. Muchas gracias.