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- 25 de marzo de 2021 21:00
Observaciones preliminares del presidente Charles Michel en la videoconferencia de los dirigentes de la UE con el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden
Buenas tardes, presidente Biden. Le agradecemos que haya aceptado nuestra invitación. Estamos encantados de darle la bienvenida en el día de hoy. No es práctica habitual que el Consejo Europeo invite a personalidades extranjeras a sus reuniones ordinarias. La última vez fue hace once años, con su buen amigo Barack Obama.
Quizá en Washington no tengan una idea clara de cuál es la función del Consejo Europeo. Como usted sabe, el Consejo Europeo reúne a los veintisiete jefes de Estado o de Gobierno de la UE y cada uno de ellos es responsable ante sus ciudadanos y su Parlamento. Este grupo es el centro estratégico de nuestra Unión, donde decidimos la orientación de nuestro proyecto europeo.
Señor presidente, usted conoce bien las dificultades del bipartidismo. Pues, ¡imagínese el bipartidismo multipilicado por veintisiete! Porque somos veintisiete Estados miembros.
Y no obstante —y esto es lo más importante— es en el Consejo Europeo donde forjamos día tras día nuestra unidad. Por consenso. Aquí decidimos ser en 2050 el primer continente climáticamente neutro. Aquí decidimos nuestro histórico plan de recuperación frente a la COVID-19, por valor de 1,8 billones, además de cada uno de los planes de estímulo nacionales.
Aquí es, por ejemplo, donde decidimos la política de la UE hacia China, Rusia y Turquía. Y tras las elecciones en Estados Unidos, debatimos sobre lo que su Presidencia supondría para las relaciones transatlánticas. Y estamos de acuerdo en nuestra valoración: esta es una oportunidad histórica para revitalizar nuestra cooperación y profundizar nuestro vínculo histórico.
Desde que fue elegido, hemos hablado mucho sobre usted y ahora nos complace hablar con usted directamente. Estados Unidos ha vuelto y nos alegra que vuelva.
Hoy, la máxima prioridad es la COVID-19. Nadie estará a salvo hasta que todo el mundo esté a salvo. Debemos aunar fuerzas para derrotar al virus.
Esto incluye colaborar estrechamente en lo que respecta a las vacunas; impulsar la producción y la entrega y garantizar unas cadenas de suministro abiertas. Seremos los más importantes productores de vacunas: para proteger a nuestra población y a toda la población mundial. Por ello debemos encabezar los esfuerzos —a través del Mecanismo COVAX— para garantizar que las vacunas lleguen a todos los países.
Disponemos de todas las herramientas: la ciencia, la capacidad, los recursos y la voluntad colectiva. Manteniendo la unidad, codo con codo, podemos demostrar que las democracias son más capaces de proteger a la ciudadanía, promover la dignidad y generar prosperidad.
El impacto causado por la pandemia debe servir de aviso y debemos reconstruir un mundo mejor y más inteligente. Por ello, la Unión Europea ha acometido una doble transformación fundamental, con el Pacto Verde y la Agenda Digital. Somos el primer bloque que se compromete a conseguir la neutralidad climática de aquí a 2050, y otros nos han seguido. Su decisión de que Estados Unidos se reincorpore al Acuerdo de París es una excelente noticia. Es música para nuestros oídos. Por ello, apoyamos la cumbre del Día Internacional de la Madre Tierra que organizarán el mes que viene.
En el ámbito digital, también queremos dar ejemplo, y evitar la sobreexplotación de nuestros recursos de datos como hemos sobreexplotado nuestros recursos naturales. Creemos que la gente no aceptará la sobreexplotación de sus datos personales, ya sea por parte de las empresas en busca de beneficios, o por los Estados con el fin de controlar a sus ciudadanos. No es sostenible ni para las empresas, ni para la democracia.
Necesitamos un marco concebido de forma inteligente, en el que nuestros recursos digitales se usen para la innovación y el desarrollo económico. Asimismo debemos proteger el «entorno» de nuestras democracias y nuestras libertades individuales. Es un desafío complejo y a la vez emocionante. Definamos juntos esta norma digital democrática.
Tras las atrocidades de la II Guerra Mundial, nosotros colaboramos para crear el orden internacional basado en normas. Creamos las Naciones Unidas y otras instituciones internacionales.
Y durante varias décadas, este orden basado en normas fue puesto a prueba por la Unión Soviética. Ellos imponían sus propias reglas y amenazaban con la fuerza bruta a quienes se resistían. Cuando cayó el imperio soviético, creímos en el llamado «final de la historia» y en el triunfo definitivo de la democracia. Cierto es que la democracia se expandió, que los mercados libres avanzaron, y que al sistema multilateral se unieron nuevos países.
Pero al cabo de treinta años, sabemos que nos equivocábamos sobre el triunfo general de la democracia liberal. Las tendencias autoritarias se han plasmado en nuevos modelos. Han vulnerado o alterado las normas, recurriendo a nuevos medios (la desinformación, las ciberamenazas y las amenazas híbridas) para atacar a las democracias, tanto desde el exterior como desde el interior. Estos regímenes nuevos amenazan a la democracia, a los derechos humanos y al orden basado en normas, tanto o más que los regímenes de la Guerra Fría.
Por eso la OTAN sigue siendo la piedra angular de nuestra paz y nuestra seguridad colectivas. Y nosotros, los europeos, estamos resueltos a asumir la parte de carga que nos corresponde. Más que nunca, compete a Estados Unidos y a Europa, junto con nuestros socios afines, promover el modelo democrático y la economía de libre mercado.
Lo que hagamos juntos hoy determinará el mundo en que vivan mañana nuestros hijos y nietos. Por eso, ayer fue un placer recibir al secretario de Estado Blinken y debatir temas de geopolítica como China, Rusia, Irán o el Cuerno de África, los Balcanes Occidentales o la Asociación Oriental.
Unámonos para crear un mundo más justo, más verde y más democrático, anclado en nuestra historia común. La UE es un proyecto de paz. Si vivimos en paz y libertad y con prosperidad es porque, hace setenta y seis años, desembarcaron en nuestras costas un número incontable de estadounidenses que vinieron a luchar por nuestra libertad, nuestra justicia y nuestra democracia. Muchos de ellos murieron en nombre de la libertad. La batalla de las Ardenas, en mi país natal, pervive aún hoy en el corazón y en la mente de las familias. Esto nos une para siempre.
Basándonos en nuestra amistad, vamos a forjar una nueva mentalidad transatlántica, una base sólida para renovar nuestra cooperación. Le agradezco una vez más que se haya unido a nosotros esta tarde y que comparta con nosotros sus ideas sobre nuestra cooperación futura.
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Última revisión: 23 de abril de 2025